Brillante estreno en 1990
Menos de un año después, a finales de 1990, se disputaba la pri-
mera Solheim Cup en el Lake Nona Golf & Country Club (Orlando,
Florida). Allí estaban Laura Davies, Alison Nicholas, Liselotte
Neumann, Nancy López o Betsy King.
Aquella semana, Estados Unidos se alzó con la victoria por 11.5 a 4.5,
pero lo más importante es que se había puesto la primera piedra de
un torneo que pasaría a la historia. Como en toda nueva competición,
los comienzos sirvieron para que ambos equipos fueran probándose
en un formato que apenas conocían, apreciando factores tan relevan-
tes en el resultado como el público, la unión entre sus componentes
o la importancia de tener una buena capitana.
La Solheim se trasladó al Dalmahoy Country Club (Escocia) en 1992
y Europa consiguió devolver el golpe a Estados Unidos con un resul-
tado de 11.5 a 6.5. Kathy Whitworth y Mickey Walker habían esta-
do al mando de ambos combinados en las dos ediciones disputa-
das y las protagonistas, que pasaron de ocho por bando a diez,
apenas habían variado.
Al igual que sucedió inicialmente en la Ryder, parecía cuestión de
tiempo que uno de los dos equipos impusiera su dominio en el tor-
neo, y fue el conjunto de Estados Unidos el que se acostumbró a
acumular títulos.
Las tres siguientes ediciones, disputadas en Virginia Occidental,
Gales y Ohio, acabaron en las vitrinas americanas. El formato de la
competición, así como el sistema de acceso a ambos equipos, fue-
ron variando y en 1998, por primera vez, se incluyeron elecciones
personales de las capitanas.
En este periodo, jugadoras estadounidenses de la talla de Julie
Inkster, Dottie Pepper o Meg Mallon se mostraron intratables en
Match Play, guiando a sus compañeras hasta la victoria y marcando
casi una década de dominio norteamericano en la Solheim Cup.
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rfeg
olf
A
comienzos de 1990, el Ladies
European Tour (LET) valoró,
junto al Circuito Americano
Femenino (LPGA), la posibilidad de organi-
zar un torneo similar a la Ryder Cup, la
competición masculina por equipos que
llevaba disputándose desde 1926, crean-
do momentos dramáticos cada dos años
y convirtiéndose en parte integrante de la
historia del golf. Todos los grandes cam-
peones del siglo XX habían participado en
ella: Nicklaus, Palmer, Snead, Watson,
Ballesteros, Jacklin, Torrance, Lyle...
No en vano, el mundo del golf se parali-
za cuando los mejores jugadores de
ambos lados del Atlántico se reúnen en
un mismo escenario, y la idea de trasla-
dar la tensión, la rivalidad y el formato a
un torneo femenino parecía sinónimo
de éxito. Solo hacía falta un buen patro-
cinador para sacarlo adelante.
El noruego Karsten Solheim, fundador
de Karsten Manufacturing Corpora-
tion, llevaba años involucrado en el
golf femenino a través de Ping, uno de
los principales fabricantes de material
de golf. Él fue quien dio el visto bueno
a la idea y firmó una colaboración por
diez ediciones (veinte años), otorgán-
dole además el nombre por el que se
reconocería a esta competición en el
futuro.
La Solheim Cup
ha ido adquiriendo una
importancia y repercusión
espectaculares, hasta el
punto de convertirse en
una referencia indispensa-
ble para el golf
Historia de
una rivalidad
“
Solheim
Cup
Fotos: Ladies European Tour
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